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<title>Blogía;</title>
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<description>método para constatarse a uno mismo  ...conteo de la cotidianidad o cómo los días se amontonan en internet</description>
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<title>mala</title>
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<pubDate>Mon, 18 Aug 2008 15:18:29 +0200</pubDate>
<description>&lt;a href="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/C48425D4-D036-45DC-8BD8-97D79EC0AEE1_files/IMG_2165-filtered.jpg"&gt;&lt;img src="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/Images/IMG_2165-filtered.jpg" style="float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:130px; height:130px;"/&gt;&lt;/a&gt;¿Soy mala, soy mala?&#13;Me lo he preguntado varias veces:&#13;Cuando no hice caso a la mamá y me fui de casa sin decirle a nadie, cuando le mentí al papá a pesar de que los dos sabíamos la verdad, cuando sacudí a mi hermano hasta que lloró, cuando no quise ver a mi novio y me escondí en la azotea, cuando le dije al novio de mi mejor amiga que me gustaba mucho, cuando tuve que pedirle que se fuera de su casa, cuando deliberadamente lo engañé después de haberlo engañado y habérselo confesado, cuando no quise entender ninguna razón y sólo resentía el ego, cuando casi lo atropello, cuando he roto toda relación porque era muy difícil aceptar que me había equivocado, cuando no quiero contestar el teléfono, cuando me enfadé porque las cosas no salieron como yo deseaba, cuando quiero ser mala porque se lo merece y soy mala.&#13;“Ya sé que no eres buena”, me han dicho... Pero ¿mala? &#13;Tal vez la cobardía es una forma de maldad, o el orgullo, o la soberbia, o la imprudencia, o la impertinencia, o la pereza, o la intolerancia, o la justicia.&#13;A mí siempre me gustó pensar que simplemente era justa, pero eran pamplinas. Claro.&#13;</description>
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<title>aquél chico cara de malo</title>
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<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 16:36:45 +0200</pubDate>
<description>Le gustaba sentarse en la escalinata amplia: el ceño apretado con brusquedad turbia, los ojos bellos. Iba ahí cada día, o uno sí y otro no, a ver pasar gente. Sucedió que como a mí me gustaba verlo y ver lo que veía, nos volvimos colegas de escalinata. Sentados los dos, él veía mujeres, simple y craso, y yo veía a las mujeres que él veía. Todas, incluyéndome, tenían el privilegio de su elogio, aunque su elogio fuera, más bien, un remiendo o un vil desparpajo de grosería.&#13;Me contaba todos los chistes que se le ocurrían; un día en especial me los contó todos, y tuve que amenazarlo con dejar de ser su colega si me volvía a contar uno más. Después de ese día no hubo más chistes.&#13;A decir verdad, desconozco qué era de su vida más allá de ser mi colega. Amanecíamos pegados y toda nuestra rutina nos hacia coincidir, por casualidad o por voluntad, en cada uno de los rincones de la ciudad en que vivíamos. &#13;Hablábamos casi de cualquier cosa, no recuerdo ninguna ocasión en que nos hubiéramos quedado sin tema de conversación o estuviéramos aburridos. Y cuando no hablábamos, estudiábamos juntos, y cuando no estudiábamos, nos gustábamos mucho, y cuando no nos gustábamos mucho, él se sentaba a rumiar un mal humor consabido genéticamente y lo degustaba despacio, sentado en el balcón ruidoso de mi casa, viendo pasar la procesión de turno.&#13;Recuerdo bien el día que supe que ya no era más su colega: comíamos juntos en el Pingüis milanesa con papas. Él siempre se comía mis papas y nunca nos había importado. La mesera era una copia genuina de Doña Tremebunda de Condorito, por supuesto, venía con genio incluido; las palomas pululaban sin sazón ni empacho por las mesas “pidiendo” migajas. Yo creo que a mi colega le gustaba ese lugar porque tenía un cierto gusto mórbido por ponerse de mal humor: odiaba a las palomas tan públicamente que daba miedo, la comida era pésima y el servicio, de los peores de la ciudad. En fin, que yo estiré mi mano con la mayor naturalidad del mundo sobre su plato y agarré una papa, mi (ex)colega, entonces, me devolvió a cambio un gruñido y una mirada fulminante. No volvimos a comer juntos.&#13;</description>
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<title>13</title>
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<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 13:17:52 +0200</pubDate>
<description>&lt;a href="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/A7ACB0DF-7190-4C48-98B5-6CC8D5425CDB_files/DSC00534_1.jpg"&gt;&lt;img src="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/Images/DSC00534.jpg" style="float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:130px; height:130px;"/&gt;&lt;/a&gt;Mis sueños no recuperan su imagen últimamente, se trazan como gusanos de noche y escalan por mi cansancio haciendo tierra tibia para mi cuerpo. Descanso. Las noches ahora son sólo para reponer, reparar, rehacer la mente quedada tras las marañas del quehacer que hago tanto y tanto en estos días finales. El plazo se acerca y casi quiero que el enjambre de horas corra suelto. Se desabrocharán entonces todas las sorpresas que se me tienen reservadas... buenas -rezo por ello.&#13;</description>
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<title>9</title>
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<pubDate>Fri, 8 Aug 2008 14:00:57 +0200</pubDate>
<description>&lt;a href="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/04188097-A3D7-432F-8F7E-DC7F3EBCDB86_files/DSC00752-filtered_1.jpg"&gt;&lt;img src="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/Images/DSC00752-filtered.jpg" style="float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:130px; height:130px;"/&gt;&lt;/a&gt;El otro día me subí en una vespa abandonada, andábamos de noche los chicos y yo, y me dejaban hacer lo que yo quisiera... la vespa no tenía volante y no iba a ninguna parte: como yo. Me pregunto por qué de entre todos los cacharros que pululan por la noche de Barcelona tenía que subirme a esa vespa.&#13;&#13;El otro día llamó el Astrólogo, dijo “soy yo”. No hacía falta más, yo ya lo sabía, como si supiera que un día, finalmente, iba a llamar otra vez. Sólo que nunca me ha gustado hablar por teléfono, y eso es algo que a la gente le cuesta trabajo entender. ¿Qué se puede decir por teléfono después de años caducados a base de ausencia?&#13;&#13;El otro día tuve un asalto de súbita felicidad, y al contrario de lo que esperaba, estaba sola, con la cocina caliente y una cacerola salpicando manteca de butifarra “extra”. La certidumbre de felicidad no tenía nada que ver con la alegría, el amor o el éxito. Éramos la butifarra y yo, y tal vez el olor a carne frita y embutida desató un lapsus de lucidez, claridad de vida dispuesta sobre mi hambre machacada: “yo, ía, soy feliz”.&#13;</description>
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<title>7</title>
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<pubDate>Wed, 6 Aug 2008 13:04:01 +0200</pubDate>
<description>&lt;a href="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/4382EBA8-5F7E-4177-B31C-2F23D08EFA82_files/ags0305%20040-filtered.jpg"&gt;&lt;img src="http://web.mac.com/salamandria/iWeb/0B94499F-39CC-477A-8793-4DD9DD939576/Blog/Images/ags0305%20040-filtered.jpg" style="float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:130px; height:130px;"/&gt;&lt;/a&gt;Anoche los vecinos bebían y reían... sospecho que no son melómanos como nosotros, porque en el fondo de sus risas sólo se oían cubiertos chocando con trastos y vasos, a veces, entre oleadas de tono entusiasta, se oía también un “shhhhhh” salpicado desde algún alféizar histérico. &#13;El caso es que era ya muy de noche pasmada de vapor y sus voces se vaciaban directo en mi tímpano. El cerebro se me llenaba de ruidos: “brala me no jajajá dera vomb bian dije qu lad”, y luego me cubría fango espeso y caliente que tenía habilidad púlpea de cobija redonda. &#13;Volví a tener pesadillas.&#13;Tengo una pesadilla recurrente: Él. &#13;Esta vez y entre el calor, nos soñé en un desierto blanco. Las dunas se pelaban con el sopor y no había ni un rincón para esconderme. Hacia donde quiera que corriera, aguzaba la vista y ahí lo encontraba e Él con su mirada trabada de amago y una perorata de amor malhabido: “brala me no me dej dera vomb bian dije qu lad”. Yo me tiraba entre las dunas de sábana y entonces me mojaba con fango de nuevo. Era mi sudor.&#13;Desperté con el sueño aún apretado en la mandíbula. Pasó una eternidad insómnica. Encendía o apagaba el ventilador, cerraba o abría la ventana, escuchaba a pedazos la fiesta sin música. Y el sueño me iba comiendo. Hasta que caí:&#13;Él, gigante alargado, me perseguía ahora entre un hilero de bares oscuros, y los amigos irreconocibles nos empujaban el uno contra la otra. Demasiado cerca para correr.&#13;Ultimamente Él es más bien un monstruo quijotesco, una especie de espantapájaros destripado que se curva cerca de mis senos y los muerde y me pide. Ha perdido su nombre, su cara, su voz, sólo permanece el amago: su monstruosidad.&#13;¿Qué me pide? &#13;Creo que me pide que lo olvide ya de una vez, pero todavía me queda dolor para transfigurarlo.</description>
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